Ozzy Osbourne Socks And Stories That Will Never Die

Anécdotas del gran Ozzy Osbourne que jamás morirán

Si hay algo que el legendario Ozzy Osbourne nos dejó tras su partida (además de una tristeza difícil de digerir), es, primero, una montaña de música que rompió todas las reglas y sigue sonando décadas después; y segundo, un repertorio de historias tan absurdas, salvajes y desmedidas que solo el Príncipe de las Tinieblas podía protagonizar.

En American Socks no estamos aquí para llorar. Estamos aquí para recordar. Porque cinco años antes de su muerte, Ozzy le dijo a The Guardian que ser recordado por la gente ya era suficiente para él. Por eso, en homenaje a uno de los más grandes, lanzamos unos Calcetines Edición Limitada para quienes quieran llevar un pedacito de su legado y un pequeño recordatorio de su espíritu en cada paso.

Pero no se puede hablar de Ozzy sin ver el panorama completo, y por eso hoy también volvemos a los momentos más icónicos, caóticos y descaradamente legendarios del Padrino del Heavy Metal.

El murciélago que cambió la historia del rock

Sería un delito no empezar hablando de la mordida más infame en la historia de la música. En 1982, durante un concierto, alguien lanzó un murciélago vivo al escenario. Creyendo que formaba parte del espectáculo, Ozzy hizo lo que mejor sabía hacer: lo mordió sin pensarlo dos veces.
El resto es historia: polémica, titulares, vacunas contra la rabia y una imagen grabada para siempre en el ADN del rock extremo. No fue planeado. No fue inteligente… pero fue 100% Ozzy.

Qué hormigas más apetitosas…

A principios de los 80, las giras eran una competición no oficial para ver quién era el más grotesco, aquel que te hacía apartar la mirada antes de que el asco ganara. Y, por supuesto, en esto no había quien superara al Padrino del Heavy Metal.
Según contó Tommy Lee, batería de Mötley Crüe, un día Ozzy, mientras estaba de gira con ellos, vio una fila de hormigas camino al chupachups de un niño… y decidió esnifarlas como si fueran una raya cualquiera. Así, sin más. Como quien se toma un café por la mañana. Cosas de los 80, ¿no?

El incidente del Álamo

En 1982, San Antonio fue testigo de uno de los momentos más surrealistas de la carrera de Ozzy. Borracho, vestido con la ropa de su mujer y sin ningún sentido del contexto histórico, terminó meando sobre el cenotafio del Álamo. No fue sorpresa para nadie que el suceso terminara en arresto, escándalo público y una prohibición de diez años para actuar en la ciudad. Una liada gorda, propia solo del maestro.
Al cumplirse la prohibición diez años después, Ozzy pidió disculpas públicamente y donó 10.000 dólares para enmendar el asunto. Los fans de Texas probablemente celebraron su regreso como si les hubiera tocado la lotería (nosotros desde luego lo habríamos hecho).

Volviendo al principio: cerrar el cíclo

La última vez que vimos a Ozzy sobre un escenario fue casi poética. Como si supiera que era el momento de despedirse, decidió volver al principio. A Birmingham. A casa.
Con Black Sabbath reunidos por primera vez en 20 años, incluyendo a Bill Ward (ausente en la gira de despedida de 2017), Ozzy ofreció una despedida que no dejó heridas abiertas. Rodeado de bandas icónicas como Metallica, Guns N’ Roses, Slayer, Pantera, Tool y Alice in Chains, cerró el ciclo como debía cerrarse.
Gracias a esa despedida final, hoy no sentimos que algo quedara pendiente. Sin ese último show, la partida de Ozzy habría sido distinta. Más amarga. Menos completa.

Gracias, Ozzy, por cada grito, cada riff, cada Ozzfest, cada historia imposible de creer pero imposible de olvidar, por enseñarnos que la oscuridad también puede tener encanto.
Aunque hayas marchado, nosotros todavía te sentimos aquí.
Descansa, Príncipe de las Tinieblas,
Y que te jodan (con cariño) por dejarnos sin un heredero claro.

Love is life and hate is living death - Black Sabbath.

🤘🖤